domingo, 28 de agosto de 2016

Los humanos NO somos omnívoros

Omnívoro significa que puede nutrirse tanto de alimentos animales como de alimentos vegetales. Es evidente que el humano tiene un comportamiento omnívoro. Sin embargo, ¿lo es por naturaleza? La morfología y la bioquímica de nuestro sistema digestivo nos dicen que no.
Si el ser humano fuese omnívoro, su sistema digestivo estaría preparado para obtener, ingerir y digerir carne de forma natural, pudiéndose nutrir de ella de manera sana. Sin embargo, esto no es así. Fisiológicamente, el humano no posee absolutamente nada que le permita cazar de forma natural. Ya el homo abilis tuvo que desarrollar artilugios para poder cazar animales. Una vez el humano ha cazado un animal (gracias a una inteligencia que le permite hacer artificialmente aquello que no puede hacer naturalmente), vuelve a mostrarse su naturaleza herbívora: su dentadura no tiene capacidad para morder al animal, arrancarle un trozo de carne, masticarlo y tragárselo. No. Necesita, como mínimo, procesar esa carne (los homo abilis golpeaban con palos o huesos los trozos de carne que previamente habían arrancado con piedras punzantes creadas para ello). Cualquier omnívoro puede perseguir un conejo, atraparlo y zampárselo ahí mismo. Todos menos el humano. Qué omnívoro más rarito le salió a la madre naturaleza. Aquellos que señalan nuestros colmillos para "demostrar" que somos omnívoros, podrían probar de arrancar un trozo de carne de un jabalí vivo. Se darían cuenta que sus colmillos no están hechos para desgarrar carne, sino para arrancar trozos de fruta como manzanas.
Sigamos. Una vez el humano ha cazado un animal, le ha arrancado la carne y la ha procesado (nada de ello hecho con sus capacidades naturales), ya puede masticar esa carne y tragársela. Y empieza a digerirla. La digestión humana de la carne no solamente es diferente a la de omnívoros y carnívoros, sino que es opuesta. El motivo es sencillo: el sistema digestivo humano no está preparado para digerir la carne. Nuestro tubo digestivo es largo y complejo, mientras que el de los omnívoros (y carnívoros) es corto y simple. La digestión carnívora es corta y rápida: los animales carnívoros y omnívoros tardan entre 2 y 4 horas en digerir la carne. Los humanos tardamos unas 24 horas. La naturaleza dotó a los omnívoros y carnívoros de ese sistema digetstivo para aprovechar los nutrientes de la carne al mismo tiempo que evitar las sustancias tóxicas que la carne puede dejar en el cólon. En el momento mismo en que se corta el riego saguíneo, la carne inicia su estado de putrefacción. Por eso el carnívoro y el omnívoro digieren rápido. Debido a que los humanos tenemos carne putrefacta durante tantísimas horas por nuestro tracto digestivo, se nos va llenando el cólon de tóxicos que pasan a la sangre y afectan a nuestra salud. Pero la cosa no queda ahí: la acidez estomacal humana es media, perfecta para digerir vegetales, pero nada eficaz para digerir correctamente la carne. Los omnívoros, en cambio, tienen una acidez estomacal más elevada, que les permite digerir la carne sin que su salud se vea afectada.
Aún hay más: el microbiólogo celular Robert O. Young explica que la ingesta de carne (y otros productos animales como los huevos y los lácteos) acidifican enormemente nuestra sangre, cuyo Ph es alcalino. En ese momento, algunos órganos, en especial los riñones, se sobrecargan de trabajo al tener que equilibrar el Ph sanguíneo, siendo difícil debido a la alta acidez de la carne. Una de las implicaciones inmediatas de esto es la descalcificación ósea: el organismo libera calcio de los huesos para contrarrestar la acidez del Ph sanguíneo. Debido a estas cuestiones, están apareciendo cada vez más estudios científicos que relacionan directamente la ingesta de carne con enfermedades tales como los cánceres, la diabetes, la osteoporosis, etc. Hay amplios estudios epidemiológicos y biológicos al respecto, compilados y comentados por el nutricionista Colin Campbell en su libro Estudio de China.
Si fuésemos omnívoros, nuestra biología y bioquímica actuarían de manera que pudiésemos digerir la carne correctamente, y que el metabolismo de ésta en nuestro organismo fuese beneficiosa. Pero no es así, sino todo lo contrario.

Si fuésemos omnívoros, además, tendríamos instintos carnívoros. Es decir, nos veríamos naturalmente impulsados a cazar y comer animales. Sin embargo, ningún humano, ante un conejo y una manzana, va a elegir comerse el conejo. Sólo comerá el conejo ya cazado, con su carne procesada y cocinada. Pero su instinto nunca le impulsará a devorar un animal, tal como hacen los carnívoros y los omnívoros. Sí, en una situación de hambruna extrema puede que intente comerse al conejo vivo, de la misma forma que se ha observado, en ocasiones, a leones comiendo fruta (y esto no convierte a los leones en frugívoros, ni en omnívoros). En ocasiones se dice que los prehistóricos tuvieorn el instinto de comer carne. Sin embargo, los prehistóricos empezaron a cazar animales por muy diversos motivos: obtener pieles para soportar el frío, eliminar depredadores que podían atacarlos, etc. La escasez de alimentos vegetales sí que puede impulsar al humano a cazar animales para alimentarse pero, de la misma forma, se han observado en ocasiones a leones comiendo frutas, lo cual no los convierto ni en herbívoros ni en frugívoros.

El humano come carne por tradición, cultura y gusto. No posee ninguna capacidad natural propia de los carnívoros ni de los omnívoros, y tanto la fisiología de su sistema digestivo como sus reacciones bioquímicas nos indican que no está naturalmente preparado para alimentarse de forma sana de la carne y otros productos animales. Decir que somos omnívoros porque con nuestra inteligencia hemos podido cazar animales y procesar su carne para hacerla comestible, es lo mismo que decir que somos cósmicos porque con nuestra inteligencia hemos creado naves espaciales que permiten vivir en el espacio exterior. Y poner a personas que comen carne y están sanas como ejemplo de que la carne es sana, es como poner a fumadores sanos como argumento de que fumar es sano.

Comer animales no es ni ético, ni natural, ni sano. NO responde a ninguna necesidad biológica, pero tampoco a ningún impulso natural, puesto que no hay nada en nuestro organismo que indique somos depredadores ni omnívoros.

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